martes, 20 de diciembre de 2011

Las Meninas (Velázquez)





1.1.-ELEMENTOS FORMALES.DESCRIPCIÓN.


Materia pictórica: Óleo sobre lienzo.
Color: En esta obra, que corresponde al periodo final de la pintura de Velázquez, es cuando se llega al cénit de la vaporosidad con una pintura donde abundan los tonos rosados y marfil.

El pintor no repasa una y otra vez los colores superponiendo capas sobre capas de color, como hicieran los pintores flamencos, sino que definía con escasa materia y unas pocas pinceladas lo que deseaba expresar “de suerte que de cerca no se comprendía y de lejos es un milagro”
Las Meninas es el hito de lo que algunos han llamado “pintura tonal”. Es probable que si Velázquez hubiese elegido colores más vivos y brillantes, no hubiese resultado un cuadro igualmente verosímil. Al mismo tiempo, al colocar los colores sujetos a una tonalidad general, éstos liberan momentáneamente al pintor y le permiten abordar un problema no menos complejo: la iluminación dentro del cuadro.

La luz: La escena tiene lugar en una estancia del Palacio, iluminada por la derecha y con cuadros que forran las paredes. Al fondo se abre una puerta por donde entra la luz. Velázquez realiza un sublime tratamiento de la luz que, como un denso éter inunda la gran altura de la sala.

Perspectiva: El autor domina con perfección la perspectiva aérea, de manera que con la pincelada suelta y con el tratamiento abocetado de las figuras proporciona una mayor sensación de captación de la atmósfera y el ambiente. Esta pincelada abocetada acentúa la sensación de realidad (un crítico francés al contemplar la obra, llegó a decir: “¿Dónde está el cuadro?”), de modo que las figuras parecen tener vida.

Composición: Aparece en el centro la infanta Margarita, hija de Felipe IV y Mariana de Austria, quienes están reflejados en el espejo del fondo. La infanta recibe la atención de sus dos Meninas, una de ellas comienza a hacer una reverencia a los reyes. En segundo plano se encuentra Dª Marcela de Ulloa, encargada del servicio de las damas de la reina. Al fondo, el mayordomo del Palacio. La zona derecha la ocupa un enorme lienzo y, ante él, el propio pintor. Los personajes más próximos a nosotros son dos bufones de la corte y un mastín. En esta obra Velázquez supera el propio tema del retrato de los personajes representados, para darnos una nueva interpretación de la pintura al presentar lo acontecido “al otro lado del cuadro”, ya que las figuras ocupan el lugar del pintor y observan a los reyes –reflejados en el espejo- que se encuentran “junto al espectador”, haciendo a éste partícipe de la escena desarrollada.

Las composiciones de Velázquez no poseen movimiento, pero las figuras se hallan hábilmente dispuestas para obligarnos a contemplarlas a “golpes de vista”, generando tensión en su observación.

1.2-LENGUAJE ESTILÍSTICO.

La pintura barroca española. Se trata de un arte que, partiendo del naturalismotenebrismo, llega a fundir el estudio de tipos concretos con altos grados de misticismo.
En la temática, cabe destacar la religiosa. El retrato fue también muy abundante en el ámbito real y nobiliario, no así el tema mitológico. También se practicó la pintura de género, el bodegón, el paisaje y la pintura de Historia.

La pintura barroca española no fue un arte movido, sino todo contrario, de gran estatismo y serenidad, aunque esta falta de movilidad física no excluye un dinamismo compositivo que proviene de la tensión de su estructura (diagonales, escorzos) o de los contrastes, bien lumínicos o temáticos. Una pléyade de pintores plagaron el siglo, organizándose en escuelas- valenciana,
madrileña y andaluza -. Entre todos los pintores: Ribera, Zurbarán, Murillo, Valdés Leal, destacamos el caso excepcional de Velázquez.

Diego Velázquez (1599- 1660) nació en Sevilla, donde recibió formación en el taller de Francisco Pacheco. Convertido pronto en pintor del rey, Felipe IV, tendrá la oportunidad de estudiar las colecciones reales y, a partir de sus viajes a Italia, a los grandes artistas “in situ”, circunstancias que sabiamente sabrá aprovechar para ir elaborando un estilo cambiante y evolutivo en el que se iba superando a sí mismo. Su técnica, utilizando el óleo, experimenta una prodigiosa evolución desde la pincelada fina, de potentes volúmenes y calidades hiperrealistas, hacia otra deshecha, verificada con grandes manchas, “impresionista”. Su temática es abundantísima, pintando
mitología, pintura de Historia, de género, paisaje, retratos y religiosa.

Su estilo varía rotundamente desde sus primeras obras sevillanas, inmersas todavía en el tenebrismo, hasta la aclaración total de su paleta, que lo eleva a la categoría de gran intérprete de la perspectiva aérea. Asimismo, el autor, como buen barroco, sabe contraponer personajes y situaciones distintas para producir un dinamismo que supla la inexistencia del movimiento físico.

Por último, Velázquez no es un simple naturalista obsesionado por la representación de lo real tal y como es, sino que su excepcionalidad intelectual va mucho más allá, al realizar una pintura que reflexiona sobre la realidad y la interpreta, poniéndola al servicio de un ideal espiritual. La pintura de Velázquez resultó muy superior a la de sus contemporáneos, a quienes superó en técnica, composición, innovación, reflexión moral, variedad y prestigio. Así lo vio el pintor Manet, al visitar el Prado en 1865 “Velázquez por sí solo, justifica el viaje. Los pintores de todas las escuelas que le rodean en el Museo de Madrid, parecen meros aprendices. Es el pintor de los pintores”.




1.3.-FUNCIÓN Y SIGNIFICADO.

Inicialmente este lienzo constaba en los inventarios de palacio como “El cuadro de la familia”. Una vez finalizado, el cuadro fue colgado en el despacho de verano de Felipe IV, un lugar al que sólo el rey tenía acceso y que indica el cariz familiar y privado que tuvo esta obra para él.
Pintor de retratos. La lucha artística de Velázquez consistió en hacer del “retrato” un método pictórico que no encontrara límites, que pudiera abarcar lo retratable, visual por real, y lo no retratable; que diera naturaleza y visualidad natural a la realidad y a la ficción, a lo visible y a lo imaginario, a lo posible o lo imposible: dándoles la apariencia de realidad, de verdad, de vida natural, que podían faltarle. Apariencia, porque Velázquez era muy consciente del artificio de su profesión, la de creador de imágenes de una nueva realidad que se basaba en la apariencia de las manchas, de la luz y el color, y que podía disolverse- cuando el espectador se acercara- y demostrar que lo que se tenía delante era la verdad del artista, no la verdad de la naturaleza.
Por ello tuvo que plantearse una reflexión, de lo que era la realidad y la ficción pictórica, dejándonos en muchas ocasiones desconcertados, sin saber ante qué nos encontramos.
¿Quién es el vencedor en “Las Lanzas”? ¿Son en verdad solamente una mitología “Las hilanderas”? ¿Qué son “Las Meninas”? Es esa “nueva vida” de la pintura, de la realidad pintada “al vivo” “del natural” lo que posibilitaba el misterio de esa nueva realidad creada por la pintura, vivificando la materia, incluso la del medio de la visión, el aire, a través de la luz y el color; que
parece exigir que la tratemos como seres reales, vivos, y la que hace que sus figuras no sólo hayan poblado sus lienzos, sino vivan en nuestra imaginación.

1.4.-ANTECEDENTES Y CONSECUENTES.

En este cuadro, tanto la posición en primer plano del perro, como el recurso el espejo en el fondo, han sido comparados con el “Matrimonio Arnolfini” de Van Eyck. A partir del XIX la pintura de Velázquez se convirtió en fuente de inspiración de los impresionistas, concretamente Manet. En España Goya se inspiró en “Las Meninas” para pintar “La familia de Carlos IV”. En el siglo XX su obra ha sido motivo de reflexión y reinterpretación por artistas como Bacon, Picasso y El Equipo Crónica.


1.5.-LOCALIZACIÓN Y CONTEXTO HISTÓRICO.

El barroco, arte de la Iglesia católica. Durante el siglo XVI, las tesis protestantes fueron extendiéndose por diversos lugares de Europa, Roma perdía su hegemonía, tanto política como religiosa, toda vez que se pone en entredicho su supremacía. Esta inestabilidad general y, en concreto, la propia división de la Iglesia requería una reafirmación del Catolicismo sobre la Reforma, entendida como la principal causa de la ruptura de la armonía renacentista. Por todo ello, se puso en marcha un movimiento, la Contrarreforma, que pretendía dos objetivos: una remodelación desde dentro de la propia institución y una respuesta dogmática al nuevo pensamiento protestante. El procedimiento para alcanzar dichos fines se llevó a cabo fundamentalmente mediante la convocatoria de un Concilio en Trento y la creación de la Compañía de Jesús. Las conclusiones del Concilio de Trento, fueron determinantes en la formación del arte barroco, ya que, en gran medida, se constituirá éste en el medio propagandístico de la Iglesia católica. Las recomendaciones iconográfico-formales dadas en el Concilio podrían resumirse, en : claridad, sencillez y comprensibilidad; interpretación realista y
estímulo sensible a la piedad.

En el siglo XVII español, el predominio de la escultura y la pintura, como creaciones realmente originales, es patente sobre la arquitectura, anclada en antiguas formas o imitativa de estilos de estilos exteriores. La pobreza de medios, en un país en crisis, influyó notablemente sobre los materiales, dimensiones y programas, véase la utilización de la madera en escultura y el óleo en pintura. Esta situación de crisis, evidente en la nobleza y en la Iglesia, unida al escaso peso de la burguesía, hizo que las obras fueran encargadas por determinados conventos, iglesias locales o cofradías religiosas. Sólo la Corte, a través de sus pintores reales, ejerció un notable mecenazgo.
No obstante y por lo que respecta a la pintura, se llegó a la creación de unos modos pictóricos sumamente originales, a la plasmación de una pintura que, con personalidad propia, rompe los moldes de lo español, para sobresalir en el panorama europeo.


1.6.- CRONOLOGÍA.

La obra de Velázquez evolucionó a través de varias etapas:
· Etapa sevillana. Obras de intenso plasticismo, con cuadros ejecutados con pincelada fina, de potentes volúmenes. Un buen ejemplo es La vieja friendo huevos (1618).
· Primera etapa madrileña. Es nombrado pintor real. Su obra más importante es El triunfo de Baco. (1628)
· Primer viaje a Italia. A partir de ahora, se intensifica la fluidez de su pintura, abandona los restos del tenebrismo, estudiando particularmente el desnudo y la perspectiva aérea. La pintura que resume todos sus logros es La fragua de Vulcano. (1630)
· Segunda etapa madrileña. Es de destacar el Bufón Pablos de Valladolid. Inicia la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, para el que ideó Las Lanzas (1635), El retrato de Felipe IV y el del Príncipe Baltasar Carlos. De 1634 es su famoso Retrato del Conde-Duque Olivares.
· Segundo viaje a Italia (1649-1651). Allí pinta el Retrato del papa Inocencio X, de profunda captación psicológica y La villa de Médicis, donde la técnica impresionista aparece plenamente formulada. De singular importancia en esta etapa es La Venus del espejo.
· Periodo final. Las Meninas (1656). Conocida como “la teología de la pintura” es, no sólo la obra más importante de Velázquez sino, también, una de las pinturas más famosas de todos los tiempos. Actualmente en el Museo del Prado de Madrid. Su última gran obra Las Hilanderas (1657), resultó asimismo un prodigio, constituyéndose en síntesis esencial de su estilo maduro.

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